Te recuerdo como solías ser, el niño lleno de ilusiones que cambió mi forma de ver el mundo. Desde entonces no soy la misma. Tenías el corazón más grande sobre la faz de la tierra. Eras todo espíritu, todo verdad. La vida te había tratado mal, peor aún, no te había tratado, no te había manipulado. Solo habías conocido lo que los demás tiraban y dejaban para ti. Pero un día nos conocimos. Yo era estúpida, tú inocente. Me cambiaste de color. Siempre tenías las palabras adecuadas para cortar mis borderías y aún así hacerme sentir bien. Tú me diste tu corazón de la forma más dulce posible, con caramelos... Eras la luz de todo, mi razón de vivir, de seguir adelante. Pero un día, un maldito lluvioso día todo desapareció. Y el odio surgió entre nosotros. La verdad dolía y yo no podía soportarla, y tú tampoco. Dicen que fui la persona que te cambió, que rompió tu inociencia. Y ahora qué me queda? Solo recuerdos... Tus recuerdos. No puedo verte ni hablarte. Tú ahora estás bien, no merezco meterme en tu mundo. No pienso permitirme ser feliz de nuevo a tu lado, porque podría volver a hacerte daño y eso es lo último que quiero. Mereces ser la persona más feliz del mundo, y me cuentan que lo eres. Tú con tu vida, y yo con la mía, indiferente en tu mundo. Mi valor ha rozado el barro y el tuyo el cielo. Disfruta. Si te caes, estaré aquí abajo. Te cogeré, pero tú no podrás sentirme.









